jueves, 8 de marzo de 2012

El no sé



Algunos vivimos atesorando conocimientos, con la idea de que  cuando sepamos aquello que nos falta, entonces hallaremos la felicidad. Tememos no saber, parecer ignorantes nos da vergüenza.  Y aunque mucho de lo que sabemos no sirve para nada y son muebles viejos en nuestro desván craneal, la mente hiperactiva llena huecos, aparentando hacia nosotros mismos y hacia los demás que sabemos lo que no sabemos, porque si admitiéramos la verdad, tendríamos que reconocer que no sabemos nada. Y no saber nada, en nuestro mundo, parece de tontos.


Pero si uno sinceramente se relaja en la verdad de que no sabe nada, de que en realidad nadie sabe nada, la mente llega al conocimiento más importante: la mente sabe que no sabe. De repente los pensamientos se derriten como una pared de lodo, la consciencia percibe que ningún concepto, ninguna creencia puede atrapar la verdad de lo que representa. El lenguaje es mentira, los pensamientos un engaño. Es entonces cuando la mente se echa a dormir. Sin esfuerzo los pensamientos, conscientes de su debilidad, se rinden y se apagan.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Ser uno mismo (Thich Nhat Hanh)


Thich Nhat Hanh
                                            
"Somos como una ola del océano que cree que es frágil y fea y que las otras olas son más hermosas, más poderosas. La ola tiene un complejo de inferioridad. Pero cuando esa ola entra en contacto con su auténtica naturaleza, el agua, ve que el agua está más allá de cualquier concepto de belleza, de fealdad, de elevado, de bajo, de aquí y de allí. Tanto si es una ola grande como si es una ola pequeña, media ola o un tercio de ola sigue siendo agua. El agua está más allá de todas esas clasificaciones - ni surge ni cesa-. Una ola en realidad es sólo agua y por lo que al agua se refiere todas las olas son iguales, porque todas son agua...

miércoles, 29 de febrero de 2012

De la ley, al amor

                                                                           


La moral para la mayoría de nosotros aparece como un conjunto de reglas que hay que cumplir para vivir en sociedad. Unas leyes para domar el animal que llevamos dentro, para civilizar el instinto. Esto provoca una división interior: por un lado lo que mi cuerpo quiere hacer, por otro lado lo que debe hacer. Pero cuando la dimensión espiritual empieza a hacer su aparición, la piedra angular del bien, de la virtud, deja de ser la obligación y empieza a ser el amor, la compasión. No te ayudo porque me lo dicta una norma sino porque en ti me veo, veo a un ser humano por el que siento cariño. Además, me doy cuenta que mi felicidad está conectada con la tuya, no son independientes. La moral, entonces, se vuelve una expresión de mi felicidad, de mi ser más profundo que es bueno por naturaleza.